Mis inicios y mi practica como maestra de yoga

July 5, 2016

 

 

 

 

 

 

 

Encontrando un espacio para enseñar yoga.

 

Fue en el verano de 1998. Recuerdo muy claramente la tarde en que la señora Lupita,  me ofreció rentarme en su casa un espacio para que yo diera mis clases de yoga. Era en realidad una bodega sin ventanas en el fondo de su propiedad donde antes se almacenaban canastos que el papa de Lupita exportaba a Estados Unidos en los años setentas. Cuando el negocio de la exportación de canastos ya no era redituable convirtieron esa bodega en un departamento poniendo unas subdivisiones para hacer tres cuartos y rentarlo, pero parecía más una cueva oscura porque no tenía ventanas, solamente una puerta de entrada. Cuando entré al lugar lo sentí oscuro, húmedo, sucio y estaba lleno de cucarachas; pensé inmediatamente que eso cuchitril no me iba a servir pero para no desanimar tan rápido a Lupita le dije que iba a ir hacia el fondo para verlo mejor y checar como se escuchaba el ruido del tráfico. Me quedé parada un rato como sintiendo el lugar; para mi sorpresa era bastante silencioso y de pronto pasó algo muy extraño, sentí como si una pequeña ráfaga de brisa fresca pasara junto a mí y me tocara. Me sorprendió porque adentro de esa cueva no podían existir corrientes de aire, el soplo de viento solo duró un instante y fue una sensación agradable que no coincidía para nada con lo que estaba viendo a mí alrededor. La lógica me decía que esa bodega no era el lugar adecuado para enseñar yoga pero consideré también que el espacio estaba muy bien ubicado, era amplio y ese golpe de brisa fresca terminó por decidirme y decirle que si a doña  Lupita; acordamos el precio y ella me permitió hacer cambios y arreglar el lugar a mi conveniencia. Tuve que poner el piso, sacar las subdivisiones, pintar, arreglar el baño, arreglar la iluminación, poner ventilación etc., fue muchísimo trabajo y finalmente quedó listo para yo pudiera empezar a dar clases. Primero enseñé yoga, después cuando conocí el mundo de Osho comencé con las meditaciones activas y danza libre y finalmente vi la necesidad de integrar también la terapia y la meditación en silencio. Se me ocurrió llamar al lugar "Casa del Ángel"

 

Hay muchos caminos y debemos saber sintonizarnos con el que sentimos más afín a nosotros, no porque sea el camino de alguien muy importante, o lo hayamos leído o visto en la televisión, sino porque realmente sentimos que aquello nos ayuda, que resuena con el anhelo de nuestra alma de crecer.

A algunas personas les funciona más el yoga, prefieren hacer el trabajo de manera más personal a través de sentir el cuerpo y la observación de su mente. Otras necesitan entender más intelectualmente lo que les sucede, aclarar sus ideas, expresar sus emociones, platicar sobre su historia, escuchar a otros y tener la oportunidad de ser escuchados. Yo recomiendo ambas actividades conjuntamente. El yoga u otro ejercicio de conciencia corporal como Tai Chi, danza libre, etc., y la psicoterapia. El trabajo corporal nos enraíza en nuestro cuerpo, nos ayuda a sentirlo y por lo tanto nos conecta a la tierra, a nuestra realidad y la terapia nos ayuda a aceptarnos, a respetar y amar lo que somos y desenvolvernos en este mundo más fácilmente.

Pero es finalmente la meditación, el abrirse al silencio interior, a la infinitud de nuestro ser lo que nos abre la puerta hacia la libertad. Un maestro una vez me explicó la diferencia entre la terapia y la meditación: - imagínate- me dijo - que vives en una celda y esa celda está toda sucia, llena de cosas inservibles y está tan desordenada que no encuentras nada de lo que necesitas. La terapia es aquello que te ayuda a ordenar y a limpiar tu celda, te permite moverte más libremente en tu espacio, respiras mejor, te sientes más a gusto en la celda… pero a través de la meditación un día descubres que la puerta de tu celda siempre estuvo abierta!

 

La práctica de yoga es para muchas personas una antesala a la meditación, representa una primera introducción a conocer la mente y sus condicionamientos. La nuestra es una cultura narcisista en donde se elogia el cuerpo y la figura, en donde hay una constante comparación para ser y verse mejor que los demás. El hacer yoga puede usarse para más de lo mismo o puede ser una magnífica oportunidad para explorar a través de la conciencia corporal nuestros pensamientos y juicios sobre el cuerpo.

Si existe una profunda atención al cuerpo, a las sensaciones y a la respiración, las personas pueden detenerse y preguntarse quién es el que está ahí adentro haciendo la postura de yoga, que quiere lograr con ella y como se siente en ella. Pueden observar qué tanto está involucrado el ego y darse cuenta que hay posturas donde se sienten muy bien, que les son fáciles y otras que les son difíciles. Observar que les pasa si no la logran hacer, si sienten vergüenza o tienen miedo al ridículo. Pueden observar cómo se comparan constantemente con los demás y su tendencia a competir, a sentirse superiores o inferiores y como a veces por demostrar que ellos si pueden, llegan hasta el punto de lastimar su cuerpo exigiéndole demasiado, a veces se dan cuenta de cómo su ego narcisista en su afán de ser el mejor, llega incluso a lesionar una rodilla o un hombro!

De ahí que es importante durante una clase hacer conciencia a lo que los yoguis llaman Aimsha, la no violencia y la no violencia comienza por ser más compasivos con nosotros mismos, a través del yoga practicamos aimsha directamente en una postura o asana.

 

Una postura de yoga es un reflejo de una postura en la vida. Hay un maestro que decía que existen 80,000 posturas de yoga, obviamente es un decir, pero él se refería a que cada postura en nuestra vida, si la hacemos conscientemente es una postura de yoga. Porque yoga, en esencia es conciencia. Ahora que escribo sosteniendo la pluma en la mano, sentada con mis piernas arriba de la mesa, me doy cuenta de que estoy medio encorvada…. enderezo mi espalda y el cuerpo se siente mejor, de alguna manera se conectan sus partes, se une la columna con la cabeza, se libera tensión en mi baja espalda y la energía fluye más libremente, mi mente lo percibe… puedo decir que estoy haciendo yoga.

Tal como nos sucede en la vida diaria cuando estamos atrapados en el tráfico o una persona nos irrita y queremos escapar de ella, así mismo durante la sesión de yoga a veces queremos escapar de una postura, ya sea que la postura no nos gusta, ya nos cansó o nos aburrió. A veces queremos, como en la vida diaria, sólo experimentar sensaciones placenteras y nos apuramos por pasar de una postura a otra sin detenernos a sentirla y explorarla a fondo.

Cuando esto lo podemos observar durante la práctica sin reaccionar, solamente darnos cuenta de cómo huimos de lo que nos desagrada y como buscamos las sensaciones placenteras, entonces vamos adquiriendo y fortaleciendo nuestra ecuanimidad que a la larga se va a reflejar en nuestro diario vivir. Cuando tengamos que enfrentar una situación difícil en el trabajo o con alguna persona, vamos a recordar que esa es la "postura" y tenemos la opción de pausar un momento antes de actuar, respirar y decidir con más conciencia sin dejarnos llevar por el primer impulso.

 

Podríamos decir que hay dos yogas. Uno es el Yoga con Y mayúscula, un conocimiento sagrado que apareció hace más de 4000 años en India y del que se habla en las escrituras védicas; era una disciplina a la que muy pocos tenían acceso porque se pedía una entrega total e incluía una serie de prácticas ascéticas muy estrictas. Las posturas o asanas se practicaban solo para abrir y armonizar el cuerpo con el fin de lograr estados profundos de meditación y de conexión con el Absoluto, la Totalidad; es decir el fin último del Yoga era alcanzar el nirvana, la iluminación. Y el otro es el yoga moderno, el más conocido; una disciplina que tiene menos de 100 años, que se practica más en Occidente y que está enfocada principalmente a la parte física aunque algunas escuelas hacen también énfasis en la respiración, relajación y meditación.

No quiero hablar en menos del yoga moderno, es una disciplina maravillosa que ayuda a millones en todo el mundo, pero a veces se confunde con una simple gimnasia donde las personas compiten entre ellas en posturas donde se glorifica el físico, la elasticidad y la fuerza. Desgraciadamente en muchas escuelas ahora únicamente se practica el yoga del ego; una vez me tocó ver un centro de yoga que se llamaba "No OM Yoga", es decir un yoga sin el Om. Entonamos el sonido Om antes y después de una clase para reconectar con la nuestra esencia, para recordar que todos somos uno, que todo es vibración y que estamos vibrando con todo lo que existe. Por lo tanto un yoga donde se ignora el Om es un yoga despojado de su esencia, de su carácter sagrado.

Por todas partes vemos fotos y anuncios de supuestos yoguis con ropa de marca, muy bellos físicamente haciendo gala de una elasticidad que más parece de circo. Esto no ayuda a las personas que realmente quieren sanar a través del yoga, por el contrario les da una visión totalmente tergiversada de esta disciplina o filosofía de vida y muchos de entrada se niegan a esa posibilidad. Cuantas veces no he escuchado estos comentarios de persona que acuden a nuestro centro:

-yo nunca podré lograr hacer esas posturas-

-yo no sirvo para eso, eso no es para mí! estoy muy gorda... o muy tiesa... o muy vieja…

- maestra, imagínese! con esta panza nunca podré hacer yoga!

Y me cuesta convencerlos de que lo intenten, de que yoga no es lo que creen, que no se trata de hacer acrobacias o de lograr o demostrar algo, que se den una oportunidad. El yoga de exhibición es simplemente más de lo mismo, de ese ensalzamiento al ego que a la larga solo lleva al sufrimiento.

 

Hasta hace unos 20 o 30 años la mayoría de las personas que enseñaban yoga primero aprendían con un maestro, y era éste quien les autorizaba para enseñar, es decir el maestro iniciaba directamente al alumno cuando lo veía preparado. Obviamente debían tener aptitudes físicas pero también demostrar ser personas entregadas a la disciplina, integras y con ética. Ahora existen infinidad de lugares en donde con tan solo pagar una suma considerable y practicar por uno o dos meses otorgan diplomas de maestros de yoga a cualquier persona. Como pasa con muchas carreras o diplomados, la meta final es obtener un diploma, colgar un título más y la pasión y el amor por la práctica quedan relegados a un segundo término.

Además en la mayoría de estos lugares se enseña que el yoga no está peleado con el dinero, es decir que el yoga es un negocio y que puede ser muy redituable y como en todo gran negocio hay muchísima competencia y muchísimas opciones; día a día aparecen escuelas o tipos de yogas con diferentes nombres y enfoques y uno puede tener la suerte de encontrarse con un excelente maestro o uno pésimo…no es muy fácil distinguirlos desde fuera. El mundo del yoga se ha vuelto un gran supermercado donde las personas se pierden entre miles de anuncios, hermosas imágenes, videos y frases engañosas… y con tantas ofertas es difícil encontrar lo que uno necesita.

El término yoga proviene de la palabra sanscrita yug y significa unión, unión de nuestra conciencia individual con la conciencia universal y por lo tanto si el maestro enseña que la práctica es un momento de intimidad y conexión con uno mismo, si enseña que el fin último es alcanzar un mayor nivel de conciencia y que los ejercicios son encaminados básicamente para alcanzar esta unión, entonces enseña yoga.

Mi maestro en India decía un verdadero yogui es aquel que permite que los Brahma Viharas se establezcan profundamente en su cuerpo-mente. En el budismo los Brahma Viharas equivalen a las más altas cualidades o cimientos divinos desde donde podemos alcanzar la liberación. Podríamos decir que son estados de la mente elevados, son el asiento de nuestro ser, las virtudes que nos sostienen en el camino espiritual. Son Maitri, el amor incondicional, Karuna, la compasión, Mudita el gozo altruista y Upeksha, la ecuanimidad o el desapego. Ellos representan los cuatro aspectos del verdadero amor, a nosotros mismos, a todos y a todo. Todos ellos deben irse desarrollando durante la práctica de yoga y sostenernos en ellos momento a momento. Es mantenernos en ellos aun en los momentos oscuros, aún en el medio del sufrimiento, el rechazo o la pérdida. Porque yoga no es escapar de nosotros mismos o de lo que nos pasa, es un gran "si" a nuestra existencia, a todo lo que la vida trae. Y yoga también es tener bien puestos los pies en la tierra, es ser realista, es no perderse en fantasías e ilusiones. Cada postura nos dice algo sobre nosotros, nos muestra quiénes somos y nos muestra nuestros miedos y nuestras fortalezas. Me gusta practicar las posturas del guerrero, son posturas de pie, abiertas donde conectamos con nuestra fuerza, con nuestro guerrero interno. Pero el verdadero guerrero no es el que vence los monstruos de allá afuera, es el que vence a su propia oscuridad, es aquel que enfrenta sus miedos y es aquel que defiende lo que cree. Y estas posturas tienen que ver con el enraizamiento a la tierra, a esta realidad, a esto que nos toca vivir.

 

Algo que para mí es fundamental cuando enseño es quitar la seriedad de la cara de mis alumnos, existe una diferencia entre estar serio y volverse serio, es necesario ser serio a veces, pero es terrible volvernos personas serias. El tomar la vida demasiado en serio es el mal de muchos cuando nos volvemos adultos

Así que me gusta usar a veces la risa en mis clases, sobre todo cuando veo a mis alumnos demasiado formales, sufriendo por poner bien sus posturas. Algunos tensan hasta las orejas por hacerlo mejor, por bajar más, por arquearse más, por estirarse más y no alcanzan a gozar de la práctica. Simplemente a veces no se me ocurre nada que hacer y opto por que todos nos riamos. De pronto en medio de la clase les digo que comiencen a golpearse el pecho como si fueran un chimpancé y después que se pongan a reír, que suelten una carcajada… primero ponen cara de sorpresa, se resisten y es obvio que para muchos no es nada fácil soltar de pronto tanta seriedad. Pero después comienza la risa, si no sale espontáneamente, entonces les sugiero que la imiten… la risa es contagiosa y con solo escucharla todos a la larga terminan por reír. Se ríen aún más cuando les pido que se rían de si mismos, de sus dramas y de sus historias! Eso es algo de lo que aprendí con el grupo de risa en Puna y en el centro de Osho, él decía:

 

“Bienaventurado el que se ríe de sí mismo porque nunca le faltará un motivo para reírse. No se puede imaginar una situación menos afortunada, no puede concebirse a un ser más pobre que aquél que es incapaz de reírse de sí mismo. Así que comienza la mañana riéndote de ti mismo y cuando encuentres un momento durante el día en el que no tengas nada que hacer, suelta una buena carcajada… sin ningún motivo, simplemente porque el mundo entero es absurdo, tan sólo porque la manera en que eres es absurda. No es necesario encontrar ninguna razón especial. Todo el asunto es tan absurdo que uno solo puede reír.”

 

No creo que haya mejor medicina para la vergüenza que la risa. Cuando en alguna postura algún alumno pierde el equilibrio y se cae, le digo que tiene dos opciones, sufrir o reír…y generalmente opta por reír. Me encanta ver como alguien transforma su cara de angustia en una carcajada, que alivio poder reírnos de nosotros mismos! Es como si se nos cayera la máscara, esa capa de autoimportancia que siempre cargamos y que pesa tanto porque en ella se deposita todo lo que pretendemos ser.

También hago ejercicios en pareja porque así las personas se ayudan mutuamente en la práctica y pueden ver y sentir como responde otro cuerpo, todos los cuerpos son diferentes y esto les ayuda a darse cuenta de sus propias limitaciones y las de los otros. La mayoría tenemos miedo al contacto, nos cuesta tocar y ser tocados, es algo reprimido en nuestra sociedad ya sea porque fuimos lastimados de niños o nos enseñaron que era algo malo o peligroso. La mayoría tememos al contacto porque de fondo lo necesitamos demasiado, es una necesidad muy primaria y nunca es suficiente.

El trabajo en pareja permite experimentar el contacto en un ambiente seguro y de respeto y vamos poco a poco perdiéndole el miedo; me gusta ver cuando alguien por fin se suelta a sentir el contacto, me gusta ver como su cara se transforma, se relaja. A veces les pido que se miren a los ojos, solo mirar a los ojos al compañero que tienen al frente simplemente para sentir que sienten de mirar y ser mirados, para experimentar un momento de unión en donde no hay juicios ni comparaciones. Sé que estos ejercicios son un gran reto, que para hacerlos deben traspasar y romper muchas barreras internas, que se sienten incómodos, sé que he perdido muchos alumnos por hacer este tipo de trabajo…. ¿pero de que se trata el yoga sino de un proceso de transformación interna? Les digo que si quieren ir a la segura mejor vayan a un gimnasio.

 

Cuando enseño yoga no puedo hacer mi práctica personal porque estoy con los alumnos, corrigiendo y explicando los ejercicios; por lo tanto me tengo que dar el tiempo para hacerlo yo sola. Me gusta practicarlo en la naturaleza. Vivo cerca de la montaña y en las mañanas que no trabajo camino hacia el bosque con mis perros. Tengo localizados algunos lugares escondidos y un poco más planos donde nadie camina y cuando llego y extiendo mi tapete sobre la tierra me siento como si fuera la dueña de ese lugar, como si ese pequeño llano fuera mi hogar… entonces todo lo que me rodea, los árboles, el cielo, el pasto, el insecto que camina sobre el pasto, el sol y la luna... siento como si ese lugar en el universo fuera totalmente mío, todo es para mí! ¿Y de quien más puede ser? Me siento en intimidad con todo y estar ahí en las mañanas es uno de los mayores placeres de mi vida.

Soy la gran reina que hace yoga en un reino de insectos y pájaros y una araña que cuelga de su hilo y se balancea frente a mi brillando a la luz del sol que va saliendo y cuando pierdo el equilibrio y me caigo, la araña no me enjuicia porque es como si se cayera una ramita de un árbol, nada grave, simplemente me caí…. en algunas posturas donde cuelgo la cabeza hacia el piso me encanta mirar el mundo al revés y notar que al mirar de abajo hacia arriba el mundo cambia de perspectiva, los árboles, las montañas se ven pequeñas y el cielo se vuelve inmenso.

La mejor parte es cuando me relajo, me gusta quedarme mucho tiempo en la postura de Shavasana, mi postura favorita! Shavasana significa cadáver, y un cadáver no hace nada… por eso los que saben dicen que es la postura más difícil porque los seres humanos no nos podemos quedar quietos; me encanta tirarme en algún lugar donde pueda ver el cielo y perderme en él, nunca es el mismo y siempre es inmenso. Inmóvil, me dejo ir a un espacio maravilloso donde el cuerpo desaparece, me vuelvo como el aire y me disuelvo.

El sabio hindú Nisargardatta, decía que el creer que solamente somos esta mente y este cuerpo es como si creyésemos que la inmensidad de lo que realmente somos se comprimiera dentro de nuestra piel... apretados y comprimidos en nosotros mismos pensamos que eso es lo único que somos. Pensamos que solo somos esos 80,000 km de vasos sanguíneos, esos 7 metros de intestinos, esos 6 litros de sangre, ese hígado, esos pulmones, pensamos que todo eso que llamamos “yo” está separado del resto del universo por una frontera llamada piel… darse cuenta de que esa frontera no existe es yoga.

 

….mis 500 billones de células…quizás más o quizás menos, da igual!... están respirando, están alimentándose, muchas están muriendo y otras naciendo. Algunas están enfermas, otras están combatiendo gérmenes para protegerme, otras van y vienen como trenes que llevan mercancías a los rincones más escondidos de este cuerpo. Millones de cosas están ocurriendo en este instante sin que yo controle nada de lo que pasa dentro del cuerpo, menos mal porque soy muy distraída y se me olvidaría recordarle a mi riñón que purifique mi sangre y a mi estómago que digiera! Una actividad incesante, infinidad de reacciones químicas, impulsos eléctricos, una red tan compleja e intrincada de interconexiones para que yo pueda estar respirando , para que pueda estar tibia, para que pueda mirar ese azul inmenso sobre mi cabeza , ese infinito que tantas veces he querido entender y que me apasiona aún más porque sé que nunca lo entenderé. .... Así como no podré tampoco nunca entender porque esta bomba en el centro de mi pecho sigue latiendo, tantos años latiendo, 100,000 latidos por día… latiendo porque me ama, o porque Aquello que me ama lo instaló en mi pecho para que yo pueda amarlo a Él …. un milagro… y una ola de agradecimiento me invade hacia ese incansable y querido corazón que en cada latido me permite seguir asombrándome de aquello que nunca podré entender.

 

De pronto ladran los perros y escucho que viene un campesino con su burro cargado de leña por el camino de tierra a un lado de donde estoy acostada… sus perros se pelean con los míos, todos ladran y yo brinco de mi relajación porque no quiero que el hombre me vea tirada como muerta en la tierra, es como si me descubriera en algo muy íntimo y mi corazón late más fuerte y mis 500 billones de células que flotaban en el universo se condensan en un instante a conformar mi cuerpo y otra vez regresa la sensación de mi yo separado….

-Buenos días- le digo y así regreso a este mundo!

 

 

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